miércoles, 29 de junio de 2011

La ultima vez...la eterna vez

Los Guthrie llegaron en la mañana, cuando ese alguacil desaliñado les comunicó lo ocurrido, su reacción fue desgarradora, la señora Guthrie se tiró en el suelo,
se rasguñaba la cara, se golpeaba el pecho, llamaba a su hija, rógandole que regresara. El señor Guthrie, bueno, fue al primer hombre adulto que vi llorar en mi vida,
era su única hija, en ella había volcado todo su amor durante dieciocho años. Quizá la madre de Delia se enteró de que yo la había visto morir, porque llegó a la casa unas horas
después, era lo que menos necesitaba. Me había encerrado en mi cuarto y tapé mis oídos para no oir sus gritos y golpes en la puerta, pero fue inútil, escuché cada palabra:
¡Por favor Allen! ¿Qué fue lo que me dijo mi Delia? ¿Cómo estaba? ¡Por favor! ¡Necesito saberlo!-
La mujer persistió en mi puerta unos veinte minutos tal vez; pero yo, aguijoneado por mi propio dolor, me negué a salir. Estuve en mi cuarto por un par de días, en los que no pude
levantarme, lloré hasta que me sequé, hasta que no hubo más lágrimas que derramar, pensé que ya no había razón para vivir, deseaba despertar de esa horrible pesadilla.
El asesinato de Delia fue lo único acontecido en Iron Range desde 1946, por lo cual, según me enteré después, Curtis tuvo el descaro de preguntarle sonriente al juez:
-Su señoría ¿De cuánto es la multa?-
El juez indignado le dio noventa y nueve años de prisión, ni siquiera su pandilla lo apoyó. La noche del crimen, declaró Curtis, Delia se negaba a pagarle una fuerte deuda de juego, discutieron
y él, encolerizado, le disparó con una cuarenta y cuatro. No puedo describir el semejante enojo que aún me
recorre cuando pienso que Curtis estará sentado en la prisión, bebiendo café de una vieja taza de estaño, mientras Delia está en una tumba. Eso no era justicia.
Fue el primer sepelio al que asistí en mi vida. A pesar de estar muerta se veía hermosa, como un ángel durmiente vestido de blanco, rodeado de rosas, quizá aún había en mi alma una débil e infantil esperanza
de que despertase; pero ella nunca lo haría y así era, la mujer que más había amado en mi vida había muerto de la manera más estúpida y absurda. Lo que hubiera dado por verla sonreírme de nuevo, oír esa palabra
de su boca, haber sido su amigo siquiera, pero todo eso era imposible ahora que la cubrían seis pies de tierra y esa lápida que decía:

 Delia Rosermary Guthrie
(1937-1955)
Amada hija de Rose y Woody
Coloqué sobre ella un ramo de violetas, también el último poema que le escribí.

jueves, 23 de junio de 2011

El fin de una bella ilusión, el inicio de una cadena

Durante ese frío otoño, los padres de Delia partieron al oeste a visitar a un familiar, así que ella tendría un par de semanas para hacer lo que ella quisiera. Comenzó
a fumar, a beber, a jugar, a apostar; continuamente podía verse a los Rounders en su casa.
Faltaba sólo un día para que llegaran los padres de Delia, recuerdo que ese día yo me fui a acostar temprano; sin embargo, acosado por visiones de horror y pesadillas, no pude conciliar el sueño, era un miedo terrible, verdadero; sentía como si en cualquier momento fuera a desaparecer, oía horribles
injurias y suplicas en mis sueños.Sentía un enorme vacío en el estomago, entonces escuché ese estallido y la voz de una mujer gritando de manera desgarradora. Me desperté de golpe ente estertores, con sudor frío. Me levanté. Ví la luz de la casa de enfrente encendida, descalso y aún en pijama sali de mi
casa como rayo y crucé la calle. Curtis se alejaba corriendo de la casa de los Guthrie, las luces de las casas continuas comenzaban a encenderse, pero yo no tuve tiempo para eso, ví la puerta abierta y entre...
Es indescriptible lo que sentí cuando ví a Delia tendida en el suelo, cubierta de la sangre que le salía a borbotones del pecho, con los ojos desorbitados, llenos de terror, apenas respirando. Me quedé helado. apenas pude decir:
-¿Delia...?-
Tornó la vista hacia mí y con un hilo de voz dijo:
-¿Allen?-
-Voy a llamar a la ambulancia- dije tratando de salir, pero los pies no me respondieron, como si hubieran echado raíces.
-No, Allen, quédate-
-Pero...-
-Quédate, tengo miedo-
Totalmente aturdido me incliné sobre ella, tratando inútilmente de parar la hemorragia con una mano, acariciando su cabello con la otra.
-Tranquila Delia, todo pasará- una lágrima cayó de mis ojos.
-Yo creía que él me amaba...- dijo ella, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Yo la interrumpí:
-No pienses en eso, piensa que todo pasará...- me callé, comprendí que le estaba mintiendo, no le quedaba muco tiempo, ella debía saberlo, era ahora o nunca.
-¡Te amo Delia! ¡Te amo!- le dije, acto seguido me solté a llorar. Ella abrió desmesuradamente sus hermosos ojos verdes.
-Allen...yo...-dijo con su último suspiro, murió entre mis braxos, no pude hacer nada.
Con el alma destrozada, sintiendo mi corazón estrujado, deseando caer muerto a su lado, grité como nunca en mi vida lo había hecho, rodeé su cuerpo inerte con mis brazos, mojé su cabello con su sangre y mis lágrimas. Me dí cuenta de que yo sólo era un niño, cuyos débiles hombros eran incapaces
de soportar el peso del dolor que sobre él había caído.
En medio de aquel suplicio, no pude notar que la casa empezaba a llenarse de vecinos, entraban movidos por la curiosidad o morbo, en ningún momento se acercaron a nosotros. Mis padres llegaron pocos minutos después, y no sin esfuerzo, me separaron del cuerpo de Delia. Sin tenerla entre mis brazos, me sentí morir,
apenas tuve fuerza para abrazar a mi madre y a mi padre.
-Fue Curtis...quiero irme a casa...diganme que esto es una pesadilla.
-Lo sé amor, lo sé- Respondió mi madre besandome en la frente.

jueves, 16 de junio de 2011

De la estratosfera...a lo más profundo de la tierra.

La vida se encargó de tirarme de mi nube, cuando casí llegaba hasta la estratosfera. Tres días después, me senté, como de costumbre en el escritorio, a mirar su casa, aguardando
el momento en el que ella llegara, lo cual no sucedió: con un compendio de emociones encontradas entre las cuales estaba la frustración, el dolor y el enojo, me fui a mi cama a media noche.

A las tres o cuatro de la madrugada varios ruidos me despertaron, me levanté, me asomé para ver de qué se trataba, entonces vi a The Rounders, la pandilla de pseudodelincuentes juveniles del condado. Delia estaba
con Curtis, su lider, plántandose enormes besos. Mis ojos se inundaron de lágrimas, no quise ver más, me tumbé en la cama a llorar. Escuchaba tres cisas que se confundían: la discusión de Delia con sus padres, mi mundo
que se derrumbaba, y la lluvia arreciando afuera.

¿Cómo pude llegar a creer que Delia se fijaría en mi? Me preguntaba al día siguiente con gran enfado frente al espejo, quizá para ella yo era un puberto regorde, de rostro tierno, risos castaños y estúpido acento europeo, que le haría
nacer más el instinto maternal que el romance ¡Como quería ser como Curtis! De cabello negro envaselinado, mentón pronunciado, veinti tantos años y una cara que decia "Yo mato". Deje de escribirle poemas, que hablaban sobre
el amor que sentía, todo se tornó al dolor de poseer y no poseer al mismo tiempo, todo estaba perdido, sin embargo, no dejé de amarla.

miércoles, 15 de junio de 2011

Una nueva realidad...

Continuación...

"Ya tienes catorce años y debes aprender lo que es ganarse la vida con el sudor de tu frente, los meritos de lo que es tener un empleo" fueron esas las palabras con las que mi padre ensalzó la entrega de la escoba con la cual debía barrer la tienda ¿Tener un empleo? ¿Ganarse la vida? la verdad eso jamás me había pasado por la cabeza, la única visión del futuro que había tenido hasta entonces era la de un joven de unos veintitrés años con cabello rapado y uniforme verde muriendo lejos de casa con un fusil en las manos.
No podía imaginar a ese joven encerrado en una tienda de electrodomésticos marchitandose y empolvándose como todo en Iron Range. No hice preguntas, tomé la escoba y empecé mi labor, estaba ensimismado cuando escuché las campanas de la puerta sonar, así que volteé y era ella, ni más ni menos, me puse bastante nervioso mientras ella decía con una dulce voz que me estremeció de pies a cabeza:
-Hola, disculpa ¿Se encuentra el señor Sneider?-
-No,-respondí yo tratando de no tartamudear, y rezando porque mi temblor de manos no fuera evidente-
-Salió, tuvo que...hacer un...encargo-
-Hmmm...¿Crees que vuelva pronto?, es que mi padre quiere comprar un aparato de radio y...
-Sí, seguro volverá pronto...me presento, soy su hijo Allen Sneider, su hijo- dije finalmente sintiendome como un completo idiota, deseando que la tierra me tragara, ella sonrió y me tendió la mano en un afable saludo
-Un placer conocerte Allen, yo soy Delia, Delia Guthrie
-El...placer es todo mío Delia, ¡Bonito nombre!-
-Bueno, nos vemos- dijo soltando mi mano y sonriendo mientras salía de la tienda. Estuve ahi petrificado unos treinta segundos, recuperandome del trance, despues salté y grite emocionado, sintiéndome tocado por lo divino ¡Prometí no volver a lavar mi mano derecha! Subí el volumen de la radio, en aquella cursi canción
"I' ve got you under my skin" para bailar con la escoba como un loco, como un tonto, como un enamorado...
Esa noche durante la cena, mi padre comenzó hablarnos acerca de su día en el trabajo, siempre lo hacía así como se supone que hace todo clásico padre norteamericano. Yo, como de costumbre no le puse atención hasta cuando dijo:
-Ya conocí a los nuevos vecinos, los Guthrie, fueron a comprar una radio en la tarde, se ve que son buenas personas, pero la hija se ve algo problemática-
-¿A que te refieres con eso?- pregunté como nunca solía hacerlo, quizá mi padre era la persona conocida con la que menos había hablado en mi vida.
-¿Allen?- dijo mi padre ciertamente sorprendido, pero continuó tratando de contestar -¿Cómo te lo explico? Me refiero a que es rebelde...no, no lo entenderías-
-¿Que no entendería? No puedes hablar así de Delia, tú no la conoces, ella es dulce, tierna y...-casí no lo note pero me levanté hecho una furia, sin importarme nada, me retiré a mi habitación con paso decidido, me sentía enojado con mi padre, pero también algo contrariado, pues ¿acaso lo que decía tenía fundamento? Pero... por favor eso era absurdo ¿Acaso el ser rebelde era ser problemático? pues rebelde o no rebelde, problemática o no problemática, Delia era el ser que más amaba yo en el mundo.

lunes, 6 de junio de 2011

Lo que crea una canción...

Uhm...bueno como podemos poner lo que sea, en este blog pondré algo que es parte de mí y que fue creado por las manos de mi artista local, mi mejor amiga que con cariño le nombro Bob, es posible que no lo quieras leer todo, pero si lo haces gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo en leerlo :)

Nunca he pertenecido a nada...o al menos ese es mi sentir.
Una botella de whiskey y un sábado por la noche me traerían nueve meses a este mundo. Ví la luz por primera vez, en el hospital de de Maternidad de Iron Range, Minnesota, en Mayo de 1941.
Nací en un lugar muerto, acabado, que quizá ni siquiera aparece en el mapa. Donde los ancianos se sentaban en las polvosas terrasas a contemplar sus vidas sin futuro, mientras bebían café, y jugaban dominó, donde las casas se veían grises, las paredes cuarteadas y la pintura descascarada, donde los inviernos eran terriblemente frios, la neblina de ultratumba, donde rara la vez sonreía, las diversiones esporádicas no exterminaban ese espiritu de nostalgia, de desolación. La clase de lugar en donde nadie está en desacuerdo, porque no hay nada para estarlo.
Mis padres eran emigrantes judíos provenientes de Austria, habían llegado a América en 1936, huyendo del régimen nazi, se establecieron en Iron Range, como cualquiera que no pidiera una vida más que tranquila y segura, pusieron una tienda de electrodomésticos. Sin embargo, yo no pertenezco a Iron Range, ni a sus polvorozas terrasas, ni a sus casas grises, ni a sus paredes cuarteadas, ni a sus inviernos con neblina, ni a su nostalgía y desolación, ni a mis padres, ni al pueblo judío, ni a Austria, ni a E.U. a veces siento que nisiquiera nací en la familia o el lugar correcto, que estoy lejos de aquel lugar que se pueda llamar "hogar" que soy un loco extraño que deambula en este mundo.

Durante la primavera de 1955, un cálido y hermoso día de abril, fue cuando por primera vez sentí que yo pertenecía a algo...a su mirada. Se había mudado a la casa de enfrente, con sus padres, tendría 18 o quizá 19 años, era el ser más hermoso que yo había visto en el poco tiempo mundo que conocía. En un principio aquella mudanza fue todo un suceso, una novedad. pues desde que se costruyó la carretera 61, Iron Range quedó fuera de la ruta escenica, era un lugar donde se huía no al que se llegaba, y en efecto, ahí no había universisad, ni trabajos que la gente moría por tener, ¿Qué hacía esa atractiva joven? ¿Cuál era el objetivo de ella y de su família al mudarse al lugar más muerto del país? Nunca lo supe y ni lo sabré.
Lo que si supe, desde el momento aquel que la ví, es que si para algo había llegado a este mubdo, era para ella, para su piel morena clara, su cabello color caoba, sus grandes ojos verdes, su boca de rosa, su sonrisa...casí olvide mi diferencia de edad cuatro años, lo que me hacía un niño a sus ojos.
Ella sacó al poeta que había en mi, me sentaba por horas en el escritorio a mirar su casa por mi ventana, sólo esperando el momento en que saliera o entrara para embelesarme con su imagen, lo cual bastaba para que salieran de mi mente a través de mis manos la más hermosas palabras, los más dulces versos ¿Quién dice que para amar a alguién necesitas conocerle?, yo diría que se encontraba en algún lugar de mi mente, poblaba mis sueños, mis ensueños, me robaba el apetito, la veía en el amanecer, en la neblina, en la lluvía. hasta en las viejas telarañas que pendían precarias y ligeras del techo de mi cuarto...todo era ella, y yo pertenesco a ella...

Continuará...

Bueno, si llegaste hasta aquí es probable que leiste el texto, o a lo mejor te saltaste hasta aquí, sabes? no importa es mucho texto eh? de todos modos a los que leyeron gracias! espero poner otra parte despues.

Peace and love!!

(Este texto está basado en la inspiración y arte de Bob Dylan, que aunque no tiene la mejor voz es un genio musicaal! de veras!)

"Frank Sinatra le dio la voz a la música, Elvis le dio cuerpo y forma y Bob Dylan le dió cerebro" (o algo así jijiji :) saludos!)