La vida se encargó de tirarme de mi nube, cuando casí llegaba hasta la estratosfera. Tres días después, me senté, como de costumbre en el escritorio, a mirar su casa, aguardando
el momento en el que ella llegara, lo cual no sucedió: con un compendio de emociones encontradas entre las cuales estaba la frustración, el dolor y el enojo, me fui a mi cama a media noche.
A las tres o cuatro de la madrugada varios ruidos me despertaron, me levanté, me asomé para ver de qué se trataba, entonces vi a The Rounders, la pandilla de pseudodelincuentes juveniles del condado. Delia estaba
con Curtis, su lider, plántandose enormes besos. Mis ojos se inundaron de lágrimas, no quise ver más, me tumbé en la cama a llorar. Escuchaba tres cisas que se confundían: la discusión de Delia con sus padres, mi mundo
que se derrumbaba, y la lluvia arreciando afuera.
¿Cómo pude llegar a creer que Delia se fijaría en mi? Me preguntaba al día siguiente con gran enfado frente al espejo, quizá para ella yo era un puberto regorde, de rostro tierno, risos castaños y estúpido acento europeo, que le haría
nacer más el instinto maternal que el romance ¡Como quería ser como Curtis! De cabello negro envaselinado, mentón pronunciado, veinti tantos años y una cara que decia "Yo mato". Deje de escribirle poemas, que hablaban sobre
el amor que sentía, todo se tornó al dolor de poseer y no poseer al mismo tiempo, todo estaba perdido, sin embargo, no dejé de amarla.
pobresito D: !!!
ResponderEliminar