se rasguñaba la cara, se golpeaba el pecho, llamaba a su hija, rógandole que regresara. El señor Guthrie, bueno, fue al primer hombre adulto que vi llorar en mi vida,
era su única hija, en ella había volcado todo su amor durante dieciocho años. Quizá la madre de Delia se enteró de que yo la había visto morir, porque llegó a la casa unas horas
después, era lo que menos necesitaba. Me había encerrado en mi cuarto y tapé mis oídos para no oir sus gritos y golpes en la puerta, pero fue inútil, escuché cada palabra:
¡Por favor Allen! ¿Qué fue lo que me dijo mi Delia? ¿Cómo estaba? ¡Por favor! ¡Necesito saberlo!-
La mujer persistió en mi puerta unos veinte minutos tal vez; pero yo, aguijoneado por mi propio dolor, me negué a salir. Estuve en mi cuarto por un par de días, en los que no pude
levantarme, lloré hasta que me sequé, hasta que no hubo más lágrimas que derramar, pensé que ya no había razón para vivir, deseaba despertar de esa horrible pesadilla.
El asesinato de Delia fue lo único acontecido en Iron Range desde 1946, por lo cual, según me enteré después, Curtis tuvo el descaro de preguntarle sonriente al juez:
-Su señoría ¿De cuánto es la multa?-
El juez indignado le dio noventa y nueve años de prisión, ni siquiera su pandilla lo apoyó. La noche del crimen, declaró Curtis, Delia se negaba a pagarle una fuerte deuda de juego, discutieron
y él, encolerizado, le disparó con una cuarenta y cuatro. No puedo describir el semejante enojo que aún me
recorre cuando pienso que Curtis estará sentado en la prisión, bebiendo café de una vieja taza de estaño, mientras Delia está en una tumba. Eso no era justicia.
Fue el primer sepelio al que asistí en mi vida. A pesar de estar muerta se veía hermosa, como un ángel durmiente vestido de blanco, rodeado de rosas, quizá aún había en mi alma una débil e infantil esperanza
de que despertase; pero ella nunca lo haría y así era, la mujer que más había amado en mi vida había muerto de la manera más estúpida y absurda. Lo que hubiera dado por verla sonreírme de nuevo, oír esa palabra
de su boca, haber sido su amigo siquiera, pero todo eso era imposible ahora que la cubrían seis pies de tierra y esa lápida que decía:
Delia Rosermary Guthrie
(1937-1955)
Amada hija de Rose y Woody
Coloqué sobre ella un ramo de violetas, también el último poema que le escribí.
(1937-1955)
Amada hija de Rose y Woody
HOLA PRIMERO QUE NADA NO ENTIENDO, CREO QUE ESO SE DEBE A QUE ES EL PRIMER ESCRITO TUYO QUE LEO, Y ME DA LA IMPRESION DE QUE DETRAS DE ESTO HAY MAS COSAS QUE LEER PARA PODER ENTEDER LA HISTORIA PERO EN GENERAL ME PARECE BIEN CREO QUE TIENES TALENTO, DE VERDAD HECHALE GANAS TE QUIERO MUCHO FELICIDADES U R GREAT
ResponderEliminarPobresito u.u él le hubiera dado todo en la vida u.u muuy bueno !! :D :D me encanta !
ResponderEliminar